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  • Tito AstudilloSarmiento

Yo opino

Deportistas ecuatorianos no paran de ganar medallas por todos lados y todas las disciplinas, conquistan pódium, tanto en competencias individuales, cuanto en competencias colectivas; ellos nos enseñan que es posible, que no es la retórica motivacional del entrenador, la “minitri” nos enseña que el mundial no es más que un torneo corto de siete partidos; que hay que apuntar a jugarlos todos, que se puede terminar ganando en el séptimo y regresar con la satisfacción de ver reflejado en el resultado el esfuerzo.


Deportistas con objetivos claros, explícitas metas que condicionan procesos de preparación, entrenamiento y aprendizaje continuo: conocerse, evaluarse y vencerse a uno mismo para reinventarse y seguir avanzando. Inteligencia, voluntad y trabajo decía el maestro: imaginación para soñar las metas, esfuerzo para recorrer el camino y constancia para seguir siempre y en todo momento.


Los íconos históricos de nuestro deporte retan al futuro y prenden metas, cada vez mayores, para las nuevas generaciones que, provistas de mejores condiciones, despuntan y brillan su ilusión desde podios inimaginables que nos retan y convocan para pensar y repensarnos como individuos en un colectivo; y, como colectivo con conciencia y prospectiva histórica.


El mensaje es claro: con esfuerzo, determinación y constancia se pueden alcanzar metas que la demagogia política utiliza en maniqueísta estrategia de división, pues más allá de las derechas y las izquierdas, de los credos y las sectas que los promulgan y defienden, más allá de lo efímero y superficial, más allá del circo y la pugna por el ilusorio poder de la administración pública, están las decisiones que caminamos y los contextos que construimos para seguir caminándolas.


Así, el derecho de la comunidad GLBTI al matrimonio, a la formalidad del compromiso, con todas sus esferas constitutivas, es un derecho que no debería convocar más que un unísono respaldo, pero manipulado de la manera adecuada se convierte en el distractor ideal que nos desvía del diálogo y el debate hacia el conflicto, un distractor que nos separa de lo fundamental…


Si, así nomás, me temo que el debate no es ¿cuántas medallas ganamos?, así como tampoco debe centrarse en torno al derecho de los grupos GLBTI al matrimonio civil en un estado laico (los derechos se ejercen no se discuten), el debate está, nunca dejó de estar, en torno a la sociedad que construimos, o que construyen para nosotros y en nuestro nombre…


Porque lo de Carapaz, como el bronce de la “minitri”, sin dejar de ser motivo de alegría, identidad y orgullo; son, sobre todo, el nuevo piso del cual parten nuestras futuras generaciones de deportistas y, son también ejemplo de lo que con transparencia, determinación y constancia podríamos lograr.

 

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