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  • Tito AstudilloSarmiento

Una sociedad disfuncional II

Vemos el mundo, no como es, lo procesamos desde dos dimensiones: en la primera están nuestras experiencias, así como también nuestras expectativas, en la segunda, los símbolos y protocolos acumulados que hemos construido y heredado. Así nuestro binario procesa un mundo objetivo desde una perspectiva subjetiva, desde paradigmas, o modelos colectivamente aceptados, esos modelos condicionan nuestras actitudes, nuestras respuestas y evidentemente nuestros resultados.


La cultura, desde la definición de Goffe y Jones es comunidad y eje motor de la efectividad de un colectivo, es la intersección del binario con que interpretamos el mundo y nos relacionamos, demanda del desarrollo de las dimensiones: sociabilidad y solidaridad, como habíamos planteado en el artículo anterior; cabe preguntarnos, entonces, ¿cómo desarrollar sociabilidad y solidaridad en nuestro colectivo?


El paradigma Ganar-Ganar nos sugiere un camino conducente a tal fin, desarrollar primero confiabilidad, para alcanzar sociabilidad; luego desarrollar confianza para construir solidaridad, proceso que Covey reseña sobre la relación consideración-coraje.


Consideración vista como la voluntad y habilidad de entender, valorar e integrar los criterios, necesidades y expectativas del otro, construyendo objetivos colectivos que nos convoquen y movilicen, esta es la base fundamental del desarrollo de la confiabilidad que provoca altos niveles de sociabilidad y empatía colectiva; en tanto, el coraje entendido desde la perspectiva de la voluntad, habilidad, determinación y constancia para construir los procesos conducentes a alcanzar esos objetivos, desarrollando sinergias que maximicen nuestras conquistas.


¿Cómo, cuándo y por qué reemplazamos sociabilidad por ostracismo? ¿qué paso con los objetivos colectivos que nos identificaron como comunidad? ¿en qué momento dejamos que el sectarismo reemplace a la solidaridad?


Más allá de las derechas y las izquierdas, más allá de los breviarios y las ideologías, en la base misma de la construcción del tejido social, allí es donde debemos replantearnos los paradigmas, esos paradigmas de conflicto como forma de relación y fanatismo-ostracismo como modelo de conducta para, zanjar las diferencias que, además nos son ajenas, y retomar los aciertos, corregir los errores, sancionar los engaños, pero sobre todo, redefinir el rumbo, nuestro rumbo, porque en tiempos de diálogo el conflicto es la actitud del necio…

 

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