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  • Tito AstudilloSarmiento

#TodosSomos…

La Real Academia de la Lengua define el machismo como “actitud de prepotencia de los hombres contra las mujeres”, evidentemente describe un constructo de cultura y de ejercicios de una relación de poder asimétrico y excluyente.


Machismo es violencia, violencia multidireccional, violencia que limita y condiciona el desarrollo pleno de las capacidades humanas atrapadas en un constructo cultural que define géneros y roles. Violencia que encierra y esclaviza, desde la perspectiva del rol, los funcionamientos que condicionan los rangos de selección, es decir, de libre elección y definición de la vida plena…


Machismo es abrir la puerta, ceder el asiento o pagar la cuenta, machismo es sembrar la idea del superior convergente en misericordia: machismo es castrar la afectividad y expresividad de lo masculino, cuanto es también condicionar la sumisión del femenino, machismo es condición prefabricada de vida que se enseña, produce y reproduce desde el hogar y la escuela…


Real es el derecho a elegir ¿dónde ir? ó ¿qué ropa usar?, pero real también es el riesgo, pues más allá de la quimérica sociedad de derechos que definimos en una Constitución de ensueño, vivimos en una sociedad de violencias y exclusiones que se ratifica sobre sí misma; una sociedad donde entre el deber ser y el ser efectivo hay un trecho que no terminamos de caminar; un trecho que, me atrevo a decir, no caminamos todos, no caminamos en colectivo.


Machismo es violencia, violencia cultural que debemos corregir, violencia cultural que nos convoca a todos para reinventarnos los cimientos de nuestra propia sociedad; pero pedofilia, pederastia o violación son crímenes de lesa humanidad, crímenes que nos convocan para exigir menos circo mediático y más compromiso, más responsabilidad y liderazgo para dejar la violencia y el discurso maniqueista como fórmula de legitimación política.


#TodosSomosMartha, como ayer fuimos Karina o Emilia, me pregunto ¿qué será mañana?, ojalá no sean solo estadística sino el punto de inflexión de una nueva sociedad, ojalá no sean sólo el discurso retórico de la demagogia política del conflicto irresponsable…


“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” decía Eduardo Galeano, ojalá podamos ser aquella sociedad en la que, convocando a Monedero, cuando “no sabía que ponerse, simplemente se puso feliz”, pero feliz sin miedos, feliz sin riesgos, feliz sin estigmas, feliz sin complejos, feliz sin más roles que lo que quiera asumir por ejercicio de su infinita y absoluta libertad de SER...

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