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  • Tito AstudilloSarmiento

Populismo…

Manes impulsa una religión, una nueva forma de poder, de gobierno, de retórica que suma adhesión, el Maniqueismo divide el mundo en dos, el bien o el mal, en verdad y certeza, construye una matriz de identificación y afinidad, cotidiano y coloquial es la base de un modelo de ejercicio político: el populismo.


El populismo es una práctica política sin identidad ideológica, una construcción retórica de una realidad maniquea, su fundamento es la confrontación basada en “el principio de la soberanía popular y el derecho del pueblo a ocupar el centro del poder, el populismo persuade a sus votantes, disuade a sus adversarios y marca los ejes del debate político” (Abad Cisneros, 2015).


El populismo crece en escenarios de alta confrontación y conflictivilidad social, demanda de un imaginario que es construido y “promovido de modo permanente por los medios de comunicación que actuan como cajas de resonancia, pues en sociedades mediáticas como las nuestras, repetición equivale a demostración”. (Taulis, 2000).


El populismo reproduce y consolida su poder a partir de una estrategia de tres aristas: en la primera fundamenta la idea de la legitimidad: el poder reside en el pueblo, por ello recurre a mecanismos y elementos electorales y plevisitarios de consulta directa; en la segunda la realización constante de actos de masas que demuestran el respaldo y la capacidad de movilización; y, en la tercera, las relaciones clientelares y de cooptación de las organizaciones de la sociedad civil.


“Los movimientos o partidos populistas son un producto drivado del malestar democrático que surge ante el fracaso de la política representativa” (Roberts, 1995), de allí, que los líderes populistas centren su discursividad en ataques al establishment y el status quo.


La revolución tecnológica de las telecomunicaciones y el acceso a nuevos medios y mecanismos que personalizan la comunicación y permiten al elector centrarse cada vez más en las características personales de los políticos, sus valores y cualidades, relegando a segundo plano la discusión en torno a ideas y programas, es decir, se antepone el liderazgo ante la propuesta, efecto que fortalece la cultura del populismo como praxis político-electoral.


Llegamos así y estamos a puertas de un nuevo proceso electoral y en el umbral de una campaña en la que lo nuevo son, de algún modo, las plataformas en que se reciclan los mismos cuadros que se remontan pretendiendo proyectarse más allá de la tolerancia de cualquier democracia…

 

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