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  • Tito AstudilloSarmiento

Navidad: el andar del sincretismo

El derecho romano es base del derecho en nuestros días; y, el acueducto romano es un reto que desafía las modernas técnicas de la arquitectura y la ingeniería; pues, sin lugar a dudas, Roma es un cimiento que explica y sustenta nuestra cultura global, su capacidad para asimilar, incorporar y sincretizar los contenidos de las culturas que adhería en su proceso de expansión es una de las claves de su proyección más allá de su tiempo…


De la helénica Roma avanzamos a la Roma de Constantino que, hacia el siglo IV legaliza y declara al cristianismo, naciente religión del pueblo judío, como oficial en todo el imperio: la fiesta del Sol Invictus se transformará en la Navidad; y, cada pueblo y cultura conquistada verá mutar sus credos dando nuevos contenidos a la naciente Iglesia.


Si fue San Bonifacio quien incorporó el árbol de navidad en el rito cristiano importa menos que lo que significa y lo que perdimos en el camino; Yggdrasil, es en la cosmovisión nórdica, el árbol de la vida, sobre él se sustentan los nueve mundos conocidos, en la copa esta Asgard, morada de los dioses; y, en el centro Midgrard, nuestra tierra, morada de los hombres.


Durante el invierno el hielo puebla la tierra, los árboles pierden su verdor y, los pueblos nórdicos revisten de luces sus ramas, es un canto a la vida, una evocación al regreso del sol, recordemos que a partir del equinoccio a finales de septiembre las noches son más largas que el día, pero, a partir del 24 de diciembre, luego del solsticio los días serán más largos que la noche, es la fiesta de la luz, de la vida, de la redención…


Como adentro es afuera, parafraseando la sabiduría hermética y, los pueblos nórdicos lo sabían, el árbol era un pacto; un pacto de renovación del micro y el macro cosmos.


Así, cada bombilla y luz representan: en lo físico el alimento y cuidado del cuerpo, tan puras como las bombillas que coloco en mi árbol deben ser los alimentos con que nutro mi cuerpo; en lo mental representan el crecimiento intelectual, lo que pretendo aprender, tan clara luz como la de las velas que pongo en mi árbol, debe ser la luz del conocimiento con que nutro mi vida; en lo emotivo representan los sentimientos que albergo en mi corazón, consonantes con la alegría con que revisto mi árbol; y, finalmente el social, soy un árbol que puebla un bosque; microcosmos que se expande en el macrocosmos de mi familia y mi comunidad en que nos expresamos, proyectamos y transformamos…


Sea nuestro árbol de navidad un momento de reflexión y propósito que nos acompañe en adelante, y que “feliz navidad” más que estribillo sea canto plural de solidaria renovación…

 

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