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  • Tito AstudilloSarmiento

Henri Dunant: lecciones urgentes…

El 8 de Mayo es el día de la Cruz Roja Internacional conmemorando así la memoria de su mentor, Henri Dunant, primer Premio Nobel a la Paz de la historia en 1901, nacido en Ginebra-Suiza el 8 de mayo de 1828, pues fue, “Un Recuerdo de Solferino”, obra en que Dunant relata, más allá del horror de la guerra, el alcance de una idea, de una esperanza, el libro que, en 1863, se plasmó en la fundación del Comité Internacional de la Cruz Roja, adoptado por la Convención de Ginebra de 1864, suscrita por 16 países europeos más los Estados Unidos de Norteamérica.


Un Recuerdo de Solferino es una obra cruda y profunda, nos muestra la dialéctica en que camina la historia, es desolador el relato “el olor de la pólvora, el ruido del cañón, los tambores que redoblan y los clarinazos: ¡todo eso excita!”, pero una bifurcación, una chispa de esperanza se prende cuando Dunant nos cuenta haber visto avanzar a las “cantineras” bajo el fuego cruzado, esquivando la muerte, procurando asistir a los heridos…


Decía Dunant que “la gente común no tiene historia: perseguidos por el momento presente, no pueden pensar en preservar la memoria del pasado”, expresión vigente hoy más que nunca en un medio que camina ciego por el conflicto equivocado, construyendo gregarias fortalezas sectarias, cofradías que se envuelven, y nos envuelven, en cámaras de eco y fanático ostracismo que nos devuelven sobre la gula de la avaricia…


Vuelvo sobre mi pregunta de la semana anterior: ¿Somos el cinismo de repudiar la violencia convocándola o la indignación de asumir “la utopía como motor de la transformación social? ¿Somos, no más que, la rabia contenida que se desborda sobre si misma? Será que estamos al borde de llegar a la orilla de la esperanza que describe Dunant “al atardecer, cuando el velo del crepúsculo caía sobre ese extenso campo de estragos, más de un oficial y más de un soldado buscaban, aquí o allá, a un camarada, a un compatriota, a un amigo; quienes encontraban a un militar, conocido o no, se arrodillaban a su lado, intentaban reanimarlo, le estrechaban la mano…”


Somos un sistema caótico en dinámica evolución, somos un pasado acumulado, somos, o podemos ser, un punto de inflexión, una concavidad en la historia, podemos reparar las cuarteaduras de la historia y escribir, con letra nueva, páginas de inclusión y tolerancia a las ideas disonantes y progreso solidario.

 

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