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  • Tito AstudilloSarmiento

Feliz Navidad

Ilusión, para Voltaire: el primero de todos los placeres, el combustible de los sueños y las gestas; ilusión: el despertar de la esperanza, el color del árbol, la fragancia del pesebre, la sonrisa de los hijos, el aroma de la cena; ¿quién no ha definido la navidad como época de ilusión?


La alegría de un villancico en familia, esa que puebla y contagia, que se reparte y multiplica, que deviene en ilusión y se hace más grande, la alegría de las luces y alegorías, de los villancicos que tarareamos durante el día y que, parafraseando el himno: los cantamos y soñamos cantado para vivirlos soñando en este nuevo sol…


La devoción con que asistimos a cada sesión preparatoria de aquella Novena que el monje franciscano Fernando Larrea compusiera en el siglo XVIII, predica, plegaria, reflexión, cánticos y un ágape fraterno y fraternal… La devoción con que nos convocamos para recordar, cada 24 de diciembre, a nuestro niño viajero, aquel que, en 1961, visitó Belén y recibió, en Roma, la bendición del Papa Juan XXIII…


Es renovación, desde la perspectiva del sol naciente que remonta la oscuridad, el símbolo del triunfo de la luz; es la promesa de la redención que sucede en la conciencia plena del ser que se vence y edifica a sí mismo, la navidad es renovación desde la perspectiva sacra de la promesa del ungido, el Cristo que trae la buena nueva y es el camino de la comunión, el sentido de la religión (en sus sentidos profundos y verdaderos)


Sí, más allá de la fiesta del Sol Invictus, del Solsticio o el Inti Raymi, de la fiesta de Mitra o de Frey, de la geopolítica histórica y los sincretismos, la Navidad es la fiesta de la redención de la vida, de la reconciliación, de la ilusión y la renovación que motiva el propósito, Navidad es la promesa transformadora de la solidaridad y la reciprocidad. Navidad es, puede ser, más que un canto al consumismo universal, el punto de inflexión de la conciencia que se asume como propósito y compromiso.


Propósito por conocernos y vencernos a nosotros mismos y, compromiso para sostener el propósito que se expresa como voluntad y trabajo; voluntad que es el cincel que dibuja sobre nuestra piedra amorfa, trabajo que es el mallete con que le damos forma, la pulimos y perfeccionamos, Navidad es renovación en tanto la promesa se convierta en propósito que se asuma con compromiso, voluntad y trabajo…

 

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