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  • Tito AstudilloSarmiento

Entre la libertad, y el gol del helado…

La “carta a mí mismo de pequeño”, escrita por Edison Cavani, centro delantero de la selección de fútbol de Uruguay, publicada en The Players Tribune (goo.gl/FzTxKg), carta más que recomendada para entender la dimensión de jugar por un helado, propone dos reflexiones que constituyen, a mi parecer, por su sencillez y profundidad, uno de los más lindos momentos que nos deja la Copa Mundial de la FIFA, Rusia 2018.


“Como niño, vives tu vida con una intensidad y una pasión que será imposible como adulto. Tratamos de aferrarnos a esa sensación cuando vamos creciendo, pero empieza a irse. Se nos escurre entre las manos. Hay demasiadas responsabilidades. Demasiada presión. Demasiada vida vivida adentro” así plantea Cavani su primera reflexión, sobre los sueños, las ilusiones, las aspiraciones y la manera en como al perseguirlos, al construirlos, al alcanzarlos vamos sacrificando nuestra libertad, dado que vivimos como si fueran variables de una ecuación en proporción inversa, no entendemos su directa proporcionalidad, pues, y lo sentencia el astro uruguayo, el éxito no es tener mucho dinero, sino saber disfrutar, saber ser feliz en la vida.


El Gol del Helado es la metáfora de la segunda reflexión, sobre ella construye el concepto del amor propio, la personalidad, el carácter; y, esos puntos donde se interseca la identidad que define y distingue, todos vemos el fútbol uruguayo como un referente de lucha, pundonor, esa Garra Charrúa por la que corren, defienden, atacan, pelean cada pelota como si fuera la última, esa actitud que, cuando van uno adelante congelan el partido hasta terminarlo y, cuando van uno abajo lo estiran hasta empatarlo…


Porque: entre la libertad y el gol del helado; entre la capacidad para soñar y la determinación para construir los sueños; entre el coraje para alcanzarlos y la solidaridad para compartirlos; entre los pasos, tropiezos, saltos, caídas, logros y conquistas; entre aprendizajes y experiencias; entre ilusiones y también frustraciones; entre risas, lágrimas y sonrisas; entre gritos eufóricos o alientos contenidos y dientes apretados; entre el pulso del reloj en que avanza el tiempo; la madurez es, recuerdo a Nietzsche: “haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño”…


“Tienes que seguir viviendo tu vida al sol…”, vale la pena, los sueños se alcanzan y para que el afán por acumular no sea más importante que el afán por vivir y sonreír, recuerda el gol del helado…

 

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