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  • Tito AstudilloSarmiento

En tiempos de campaña…

En Ecuador Señas Particulares, Jorge Enrique Adoum, sostiene: “No creo que el ecuatoriano sea un pueblo político. El populismo, que obtiene victorias entre los campesinos, los pobres de la ciudad y el lumpen es síntoma de una falta de madurez política sin remedio: no tiene ideario y su pretendido programa varia según la provincia”.


Para Adoum el populismo es la moneda del cambio electoral en nuestro país, más allá de las doctrinas y los breviarios, más allá de las ideologías y los contenidos, el populismo es la estrategia más exitosa para la conquista y ejercicio del poder político en nuestra sociedad.

Pero ¿qué es el populismo? ¿cómo nace? ¿cómo se consolida?


Los origenes del populismo se remontan en el tiempo y dan cuenta de las distorisiones de la democracia como modelo. Remontándonos hasta el siglo XVII encontramos el origen histórico de los partidos políticos, fundacionalmente ideológicos, que nacen, impulsados por los procesos revolucionarios liberales del último cuarto del siglo XVIII, como nodos de articulación del pensamiento y expectativa de una creciente clase urbana. El siglo XIX, con el triunfo del sufragio universal se transforman pues este nuevo escenario demanda nuevas estrategias de crecimiento y consolidación de una base militante y otra electoral; el lugar común reclama espacio en la retórica que reemplaza la ideología o el breviario y, en muchos casos, deviene en demagogia.


¿Qué la religión, más allá del profundo etimológico re-ligare, es un ejercicio de poder? Manes, el principe persa del siglo III, de nuestra era, lo sabía, el Maniqueísmo, su religión, establece dos principios reguladores del universo: “el bien y el mal”, principios en lucha constante que, en su confrontación, establecen una bifurcación que divide el mundo desde dos prespectivas: la verdad y la certeza, alrededor de ellas levanta muros que construyen cámaras cerradas donde cada una se amplifica, consolida y camina hacia una espiral de conflicto social creciente entre los dos paradigmas.


El populismo es maniqueismo político, su fundamento recoje el breviario de Manes y lo convierte en plataforma de desarrollo de las relaciones políticas de una democracia en base a tres pilares y un objetivo: la retórica, primer pilar que fundamenta la construcción del discurso, la confrontación, usurpa el sentido de la democracia al reclamar para sí la “voz del pueblo” y su representación, es demagógico para captar la voluntad polular, demanda del segundo pilar, la figura del caudillo, el liderazgo efervecente que contagia, motiva y compromete para contruir el tercer pilar, la movilización, fuente que muestra y demuestra el poder de base que sustenta el liderazgo hacia el objetivo: la adhesión de masa, el voto como tipo de cambio hacia el ejercicio del poder…

 

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