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  • Tito AstudilloSarmiento

Emprendedores 2

No, no y no; una persona parada en una esquina vendiendo maní, mandarinas o limpiando el parabrisas por una moneda no es un emprendedor; es un desplazado, un ser humano marginado y, no por la derecha o por la izquierda, nada que ver; no, es un desplazado por la negligencia, la inoperancia y la corrupción de gobiernos ajenos, miopes, serviles y entregados a intereses particulares.


Calificarlos como emprendedores equivale a una indolente validación de su condición como normal, en lugar de asumir que no estamos preparados y no tenemos una política, estrategia, plan, proyecto o programa de asistencia y protección social para personas desplazadas, sean estas ecuatorianas, colombianas o venezolanas, que más da, todos somos habitantes del mundo y la migración es, ha sido y será, el nodo articulador de la cultura que hoy caminamos.


Pensar que Maduro ha sembrado de emprendedores los semáforos de nuestra América Latina equivaldría a pensar que el feriado bancario lo hizo con nuestro Ecuador, nada más fútil y sin sentido, izquierda y derecha juegan a suerte de sucesión, el populismo se viste de temporada y el poder se alterna siempre en la fiesta de su propia reproducción concentrada.


Si el poder no se siembra, si no se construye, si no se cultiva, si no se parte y reparte, si no se distribuye hacia todas las capas y estratos de una sociedad; la democracia se corrompe en un ejercicio de sucesión hegemónica de los grupos de poder, tal como describe Montesquieu en su teoría sobre la libertad política.


La sucesión hegemónica del poder es la historia del populismo pragmático como estrategia de acceso al poder que, desprovisto de ideología, se fundamenta en un constructo retórico de ideas disonantes con el status quo que reivindican los derechos del pueblo y cuestionan la estructura de la sociedad sobre sí misma.


De derecha a izquierda y un nuevo giro a la derecha, el populismo no es (únicamente) la figura carismática de un liderazgo fuerte, ni tampoco el discurso efervescente que movilizan en plazas y avenidas; no, el populismo más peligroso es aquel que vestido de frac y corbata nos envuelve sin propuesta en un ejercicio de complacencia demagógica…


El populismo que utiliza la sin razón del fanatismo; que exacerba el odio y el ostracismo, el populismo maniqueísta que confronta sin posibilidad de diálogo; el populismo que construye, sobre certezas y por repetición mediática, verdades inapelables; el populismo que legitima la violencia y la confrontación convocando el diálogo y la paz como pretexto, ese populismo que maquilla para no transformar; este populismo para el que pobreza es estadística y mendicidad emprendimiento…

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