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  • Tito AstudilloSarmiento

El Tranvía: entre La Veeduría y el Poder Ciudadano

Con acierto define García Linera que “Gramsci sin Lenin es un proceso de ternura sin victoria; y, Lenin sin Gramsci es un hecho de fuerza sin irradiación”, graficando con claridad la correlación de los ejercicios de toma y construcción del poder, para redefinir la democracia como espacio de derechos ciudadanos.


Tomar el poder es necesario, pero no suficiente, pues podría suponer -como señala Gramsci- una sucesión hegemónica de las élites en la administración de lo público, siendo necesario, por tanto, un ejercicio paralelo de construcción de poder, poder ciudadano.


La plataforma normativa nacional, sustentada en la Constitución de la República nos propone un marco instrumental que despliega un “contenedor” amplio para la construcción del poder ciudadano; y nos convoca a un nuevo escenario de edificación de los “contenidos” que se tomen esas estructuras y redefinan la democracia como una nueva cultura de relaciones políticas entre la sociedad y el Estado.


Considero pertinente esta referencia como antecedente para abordar un “problema” de interés colectivo, pues, si bien, ayer hablamos del tranvía desde la posición y la oposición (con la certeza de la especulación), preocupados más por su factibilidad y funcionamiento y su aporte real a la solución de las complicaciones del tráfico y la contaminación urbana; hoy, lejos va quedando esa tertulia de café; hoy, Cuenca viste de reclamos y contrariedades: negocios que cierran, empleos que se pierden y familias que deberán buscar nuevamente una forma de sustento.


El tranvía nos ha convocado al diálogo y la acción, al cuestionamiento y el reclamo para poner sobre la mesa una vez más las dinámicas de la gestión de lo público; pero, nos muestra también las nuevas alternativas de la democracia que, más allá de su definición etimológica, procedimental y minimalista, demanda su construcción colectiva como el espacio de distribución de voces y capacidades que nos convoquen al análisis, deliberación y consolidación de esta nueva matriz de relaciones políticas entre la sociedad y el estado.


En esa dirección, un conjunto de ciudadanos enarbolan la propuesta de llevar adelante una veeduría al cumplimiento de los plazos-cronogramas en el avance, y demandan información y espacios para dialogar y exponer las perspectivas de los problemas que enfrentamos durante la etapa de construcción de la obra; iniciativa que alcanza eco de resonancia en la institución municipal quien los recibe, reconoce como interlocutores ciudadanos y se compromete a mantener esta plataforma para el dialogo y la deliberación.


La veeduría al Tranvía de Cuenca, desde su propia capacidad proactiva de gestión propositiva, podría consolidar un ejercicio ciudadano que represente una nueva alternativa o camino para la deconstrucción positiva de la sociedad hacia nuevas estructuras de Estado basadas en el ejercicio efectivo de los derechos ciudadanos.

 

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