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  • Tito AstudilloSarmiento

¿Conversamos?

“Cuando la confianza, lealtad y creatividad son altos, el estrés es bajo, los equipos son más felices y productivos”, sostiene Emma Seppala, en su artículo ¿por qué la compasión es mejor estrategia de gestión que la intransigencia?, argumento que refuerza Annie Mckee al señalar que “la felicidad importa mucho en el trabajo, ¿cómo no va a importar si muchos de nosotros pasamos la mayoría de nuestras horas allí?


Si hablamos de motivación, inteligencia emocional o programación neurolingüística, la empatía es, sin lugar a dudas estudiada, analizada y propuesta como hábito, habilidad o estrategia para comunicarnos de manera asertiva y potenciar nuestras relaciones y rendimientos.


Sin embargo en la base, el paradigma, buscamos desarrollar empatía para convencer, para poder transmitir mejor nuestras propias perspectivas e ideas, no para comprender, así el círculo: no hablar mientras el otro habla, procurar expresiones faciales o sonidos de asentimiento y atención o repetir casi textualmente lo que el interlocutor ha dicho, degenera en una suerte de adiestramiento condicionado que se percibe como tal y mengua la confianza dentro del colectivo.


Escuchar es más cercano a un arte que a una habilidad o estrategia, demanda del desarrollo simultáneo de la empatía cognitiva: equivalente a la capacidad de entender la perspectiva de nuestro interlocutor; la empatía emocional: que escucha los gestos y expresiones que rodean el mensaje; y, finalmente el interés empático: entender la necesidad de nuestro interlocutor.


El desarrollo de la empatía como conducta demanda de un nuevo paradigma conductual de comunicación, no se trata de conversar para vencer o convencer, se trata de conversar para comprender, prestando a nuestro interlocutor real atención, pero atención de ese lejano atender que se remonta al vocablo attendere que se traduce como “estirarse hacia”, es decir, escuchar no únicamente con los oídos, sino escuchar con los sentidos.


Desde este paradigma de comunicación, Seppala propone tres pasos básicos: párate un momento a pensar: aprende a controlar tus propias expresiones; ponte en el lugar del otro: trata de entender el mensaje desde su marco de referencia, no desde el tuyo; y, desarrolla la capacidad de tomar perspectiva: mira otros aspectos de la situación en su dimensión integral.


Un nuevo paradigma, una nueva actitud, recordando que para nuestro interlocutor nuestra capacidad de escuchar “tiene que cumplir la misma función que un trampolín cumple para un niño: darle energía, impulso, altura y progreso” (Zenger y Folkman).

 

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