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  • Tito AstudilloSarmiento

La comunidad GLBTI desde el lente de la “tolerancia”

La perspectiva lingüística del origen etimológico de tolerancia -tolerans, nos remite a la acción de soportar, es decir la construcción vertical desde la cual, el Yo superior tolera o soporta al Tu inferior; empero, el sentido epistemológico de la tolerancia nos sugiere un ejercicio diferente y más dinámico, que según Bobbio, la ubica “en el problema de la convivencia entre distintos”.


La perspectiva del ilustracionismo ubicó a la tolerancia en la esfera de la superación de la discriminación basada en principios religiosos o ideológicos; sin embargo su carácter dinámico, como la sociedad, ha ampliado su ratio incluyendo todas las perspectivas del respeto a las diferencias culturales y sociales.


En esta dimensión, el concepto de tolerancia, en lo sustancial, refiere a la identidad del individuo y el sujeto; y, de este frente a la verdad-razón; es decir, el respeto a la individualidad de la existencia en el marco de lo colectivo-social en que se desenvuelve, refrendando la vigencia del principio de libertad de conciencia y separación de las esferas pública y privada en la construcción cultural de las sociedades y sus códigos-símbolos de comunicación y convivencia que le dan significado al sujeto social.


Sostiene Preciado que “sexo y género son verdades imprescindibles de los modos contemporáneos de ser sujetos”; el primero responde a una condición biológica; en tanto, el segundo es un constructo social, por tanto dinámico, y, que hoy demanda de un ejercicio de tolerancia efectiva que, más allá de lo normativo, provoque un verdadero ejercicio de reconstrucción cultural basada en el respeto por la identidad individual para la construcción del sujeto social.


Los grupos o comunidades GLBTI, más allá de la opción sexual y su autodeterminación de género, elementos constituyentes de propia esfera individual, demandan inserción asertiva y real en el sujeto social, que se fundamente en la valoración, respeto e inclusión individual y colectiva para garantizar el pleno ejercicio de sus derechos en su más amplia acepción.


El carácter evolutivo de la cultura según el cual la tolerancia no es, exclusivamente, un ejercicio de inclusión política y normativa, sino que; es fundamentalmente, un proceso de deconstrucción cultural que asuma, como señala Butler la codificación y resignificación del “criterio mismo mediante el cual juzgamos a una persona como un ser con un género” que es producto de su propia identidad y derecho de autodeterminación, significa una mirada renova de un viejo postulado maxista: “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

 

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